Sublimo,
me pierdo, me corto y me exprimo.
Vomito
la soledad arraigada desde el cordón que me parió.
Fastidio,
me fumo, me incendio y barro.
Me
ultrajo para ver esa niña que ya no tiene ni lágrimas.
Me
gozo, me huelo y me asqueo.
Mastico
pérdidas sangrando renacuajos.
Me saco
los ojos para no ver la herida enferma.
Me
ahorco, torturo y muero.
Me
nacen.
Respiro.
Vivo.